Somos la comunidad educativa de la escuela rural 78 de Paysandù Uruguay.
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domingo, 28 de abril de 2024
CUENTO GANADOR DEL AÑO 2014
Gastón valles, alumno de la escuela 78 en el año 2014 escribió esta historia que se transformó en un cuento ganador.
UN LUGAR PARA QUEDARSE
Yo vivo en un hermoso lugar llamado Queguayar.
Su nombre de origen indio, indica que se unieron Queguay y Araujo para darle
origen.
Según cuenta una antigua leyenda Queguay significa “peine de agua” en
guaraní.
Aquí vivo feliz rodeado de mis afectos.
Mi jornada diaria es muy simple pero divertida.
Me levanto tempranito cuando escucho a mi perro ladrar para que le deje salir.
Desayuno café con leche recién ordeñada y junto con mi hermano me
dispongo a ir a la escuela.
Como todo niño rural, mi compañero es el caballo y con él recorro un largo
trayecto para llegar a mi escuelita.
Ésta queda lejos, a 5km y el camino es muy pintoresco que atrae todos los
días nuestra atención.
Si bien el trayecto lo sabemos de memoria siempre algo nos atrapa y nos deja
como sorprendidos ante un nuevo descubrimiento.
Vamos por un camino vecinal serpenteante, que nos separa de la ruta 3, ruta
nacional que recorre nuestro país y dónde en el km 410 se encuentra la
escuela rural 78 a la que concurrimos mi hermano y yo.
A lo lejos y desde la alambrada, observamos el verde intenso de los campos y
las bellas palmeras que son las señales de una época y le dan historia a
nuestra zona.
El territorio se caracteriza principalmente por la presencia de un relieve de
cuchilla con presencia de montes como los montes del Queguay
Me encanta tirarme arriba de mi caballo y dejar que él me lleve, mientras
escucho el canto de los pájaros.
A lo largo del caminito a mi escuela voy observando las diferentes especies de
árboles: quebracho, ceibo, mataojos, coronilla, tala entre otros.
En ocasiones nos sorprende alguno que otro cardenal rojo, un patito que
escapó del grupo, algunas garzas amarillas.
Casi siempre somos los primeros en llegar con mi hermano a la escuelitaDesensillamos los caballos y a ordenar las mochilas en el salón.
Poco a poco se va llenando la escuela de voces, cantos y gritos de alegría.
Cuando llegan las maestras y la directora toca la campanilla comienza nuestra
jornada escolar.
Siempre es alegre y divertida. Aprendemos muchas cosas: tenemos talleres de
cocina, manualidades y trabajamos en el aula virtual.
Lo más agradable es cuando tenemos actividades de Huerta e invernáculo
Allí nos sentimos muy felices porque pronto compartiremos la producción en el
comedor escolar.
Pudimos lograr nuestro Proyecto de invernáculo con la colaboración de padres,
vecinos, y Empresas de la zona.
Plantamos muchas semillas de verduras y árboles frutales. También cultivos de
primor para observar variables.
Otro momento agradable es la clase de educación física que la constituyen los
juegos de voleibol, manchado, basquetbol y el mejor el fútbol.
Mi deporte preferido es el fútbol, pero nuestra maestra dice que tenemos que
pasar por todos los deportes para llegar a éste.
Jugamos varones y niñas, esperando con ansiedad el 21 de setiembre que
será el campeonato entre escuelas de la zona.
Cuando finalizamos la jornada el recorrido de vuelta es más divertido.
No tenemos apuro en llegar y casi siempre llegamos con alguno que otro
animalito que encontramos perdido.
Un pichón de tero atrajo nuestra atención una vez pues estaba herido y un
apereá también llevamos de mascota.
Como decía antes, siempre encuentro algo nuevo que me llama la atención y
me hace sonreír diciendo:¡Qué linda es mi zona!
La maestra nos preguntó en una prueba si cuando terminamos la escuela nos
iríamos de aquí.
Solo para estudiar, pero vuelvo, fue mi respuesta.
Este es mi lugar en el mundo. Un lugar para quedarse
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